Café laboral

4 de septiembre de 20265 min de lectura

El día transcurrió como cualquier otro: alarma, desayuno, trabajo, un loop que repito constantemente, pero había algo por la tarde que me hacía ilusión: fui invitada, través de Google calendar, a una reunión laboral. Me alisté, me puse mi mejor ropa, llovía y estaba a una hora de distancia, pero no me importó.

Subí al auto, puse un podcast de la persona que me cito.  Soy nueva en el mundo del arte, y estos encuentros con profesionales también lo son para mí, así que decidí investigarlo un poco. Escuché atentamente una entrevista sobre empresas familiares, un mundo del que me estoy alejando, aunque todavía me interesa. Esta persona tiene recomendaciones de cine, cortos, festivales, una carta amplia, en donde, seguramente, mi contenido podría encontrar lugar.

Llegué a la cafetería puntual y le mandé un mensaje para avisarle que ya estaba allí. El lugar era realmente hermoso, parecía de cuentos. No tenía idea como se iba a desarrollar la reunión, pero no estaba nerviosa, mis habilidades sociales me suelen jugar a favor. A los pocos minutos llegó el señor que me había citado, comenzó a contarme de su trabajo, de sus contactos, de su podcast, aunque nunca terminé de entender bien a qué se dedicaba. Entusiasmada ante el gran interés que mostraba en mis escritos, comenzamos a hablar de los proyectos que tenía en mente. Debo admitir, me pareció interesante, lo vi con experiencia, varios años en el rubro, y 10 más de edad que yo seguro.

Pasados ya más de cuarenta minutos, noté que las preguntas se volvían más y más personales, sabía que él hacía un podcast, pero ¡estábamos en una cafetería! Comenzó a preguntarme de mis peores y mejores momentos vividos, al mismo tiempo que me contaba la infinidad de gente famosa que conocía. Una mezcla extraña para una charla laboral.

Me comentó que tenía cobayos en su departamento, también que vivía a media cuadra del lugar. Me hablaba de lo lindos que eran, y espero haber escuchado mal, ¡me pareció que me invito a subir a verlos! Como la entrevista se estaba poniendo extraña, la voz de mi cabeza comenzó a susurrarme, “nombra a tu novio”, decidí hacerle caso y lo nombré. Su cara se transformó, en mi imaginación esperaba eso, pero no de una forma tan evidente, hizo notar su disgusto, aunque lo superó rápido, al rato ya volvió a hablar de sus contactos.

Fue en ese momento cuando noté que estábamos en dos realidades distintas, yo había ido a una charla laboral, y él, por el contrario, a una cita a impresionar con su trabajo. Con este cambio extraño en el aire, comenzó a hablarme de mi “belleza” y mi “inteligencia”. En su realidad me estaba endulzando el oído, en la mía causaba el efecto contrario.

Mi personalidad complaciente no me jugó a favor, le había tirado flores sobre su trabajo, me interesó realmente lo que me estaba contando. Luego de mi afortunado comentario, no pude meter más bocado. Él comenzó a exponer premoniciones: yo iba a cortar con mi novio, nosotros dos íbamos a salir a cenar, si me mudo de casa él iba a venir a visitarme. También logró encontrarme un parecido: su ex. Para ese entonces mi incomodidad estaba al 100%, pero mi voz graciosa me salvó susurrándome: “genial, vio un video tuyo, te pareces a la ex que no puede olvidar, y por eso estas acá, no leyó un carajo de lo que escribiste”. En ese punto no sabía si reírme o llorar.

La entrevista se torno cada vez más rara, no podía hablar, tampoco levantarme. Vi videos de famosos que no me importaban, también bandejas de entrada con demasiados mensajes, ¡una cantidad de cosas que me chupaban un huevo! ¿Por qué algunas mujeres tenemos la amabilidad de no cortar las charlas? ¡Tarde más tiempo en tomar el valor necesario para irme que en el viaje en auto hasta allá!

Pasé tres horas en su realidad paralela, ¿acaso pensó que los encuentros laborales llevan citas de por medio? ¿Nadie le aviso que para que pase eso la otra persona tiene que estar enterada? Su cabeza era indescifrable, no le di ni media señal de nada, pero con tener los ojos de su ex les bastó. ¿O acaso a mí nadie me aviso que las citas ahora son por Google calendar?

Insistió en acompañarme hasta el auto, me abrazó, quería que le envíe un libro luego, y volvió a recordarme su premonición de que voy a cortar con mi novio y cenar con él. Cada día me sorprende más la gente, me sorprendo yo misma por no haber podido enfrentar la situación, y me sorprende él, no sé de dónde saco tanta arrogancia y seguridad. Estas realidades paralelas cada vez las comprendo menos.

 Si lo más preciado que tenemos es el tiempo, y yo en ir, volver y escuchar el monólogo, perdí como cinco horas, me puedo dar el lujo de compartir la anécdota, ¿verdad?