Este fin de semana tuve una visita al campo, consecuencia de un deporte más 30: el running. Este, me trajo amigos nuevos, y con ellos, una escapadita.
Volviendo en el auto, pensaba en que escribir. Pasaron un montón de cosas en el finde, desde comidas, caminatas, hasta charlas y vinito, pero no encontraba el punto justo del cual sacar una historia. Hasta que sonó “puente” de Cerati, y Mati comentó que, como nos conocemos poco, nuestras charlas tendieron a ser profundas e intensas, que estaba contento como se dio todo. Ahí mi cabeza hizo un chispazo, la inspiración vino a mi.
El sábado fuimos a comprar unas pastas, y nos decidamos a tomar vinito y ver a Andre cocinar. Empezamos con un ping pong de preguntas y respuestas, y entre varios temas, salió el de las citas fallidas y relaciones. Me lucí contando anécdota escatológica (esta en mi libro 😉), los demás, admito, tenían muy buenas historias también. Nos reímos bastante, y unas copitas después, terminamos reflexionando sobre la vida, las personalidades y las relaciones. Parecíamos psicólogos expertos, aunque solo una lo es. En un momento, mencioné algo como que hay personas “puentes” entre una relación y la otra, que te llevan a lo que buscas más adelante. No se me prendió el chispazo por mi gran reflexión, tampoco por el campo, la cena, o el momento en si. Sino más bien, por lo que dijo Mati, esas conexiones que se arman casualmente, de como a veces, terminamos con desconocidos compartiendo momentos, contando cosas que no imaginabas, y a varios kilómetros de casa.
Después de la charla graciosa y profunda, le siguió más vino, ver las estrellas, y jugar al ping pong, esta vez el de verdad. Seguimos confesándonos secretos y riéndonos como nenes. Mati y Cerati, generaron el “puente” que conecto mi idea de escribir, con el tema. Dejé de lado el momento puntual que busqué parte de la vuelta, queriendo encontrar la gran anécdota. La vida desde el humor me parece más entretenida, pero Cerati me ordenó desde los parlantes que sea cursi, aunque sea por hoy.