Hace un rato, en el gimnasio, me di cuenta que pertenezco a un grupo de personas: las que le molestan las cosas disparejas.
Me pusieron a entrenar con una chica, ella muy amablemente, trajo los discos para la barra. Cuando los vi, casi me infarto, todos del mismo peso, pero ¡ninguno de la misma marca!, ¿Qué clase de persona elegiría discos distintos en vez de iguales?
Quedan horribles puestos, la barra pierde su simetría. Trajo uno de cinco kilos de una marca ancha y otro, de una fina. Hay algo en su mente que evidentemente no sucede: el sentir que por ser más grande el disco, es más pesado. Para mi cabeza, del lado derecho tenía que hacer más fuerza.
Esto no fue lo peor, cuando pasamos a los discos de diez, agarro uno verde y otro naranja, ¡distintos colores y diámetros! No pude concentrarme más en la clase, tampoco cambiarlos, me sentía una rompe huevos. En general me adelanto a estos problemas, busco las cosas, las elijo más rápido que el otro, pero ella era volaba, en dos segundos ya había asimetría.
Esto se puede trasladar a cualquier cosa: controles remoto de mayor a menor, ropa de la misma tonalidad junta, libros acomodados por tamaño, y así en cualquier ámbito. Creo que lo peor de pertenecer a esta clase, es que no podemos dejar de ver el error, y queremos meter mano, todo el tiempo, seguro tenga que ver con querer controlarlo todo.
Igual, me produce felicidad ver todo ordenado, simétrico, y que, si hay colores, tengan un sentido. No comprendo como a los del segundo grupo no se le estruja el cerebro, no les salta un cable cuando agarran discos distintos, dejan un cuadro torcido, o simplemente no ponen el florero en el medio de la mesa.
La mitad de la gente me va a entender, la otra mitad va a pensar que soy un loca.