Me levanté a las siete de la mañana, después de un largo sueño en loop, agarré el teléfono y me escribí lo que había ocurrido, para no perderlo, y poder seguir durmiendo, plasmarlo acá dentro de unas horas.
Después de una larga caminata por una ciudad desconocida, aparecí en el patio de un shopping, también desconocido. Había una máquina de esas que escupen comida y bebidas. Tenía mucha sed, recuerdo ver el precio del agua, $7.000, no me importó que este cinco veces más cara que lo normal, lo necesitaba, mi garganta me ardía.

En ese instante el loop comenzó, una pareja de ancianos sacaban aguas, que no podía tomar. Desparecían y cuando era mi turno, volvían a aparecer, usando la máquina. Esto habrá pasado unas tres veces.
Cuando por fin se movieron de mi camino, una chica apareció por delante, poniendo un billete de veinte, y sacando todavía más aguas. Nos hicimos amigas, no paraba de hablarme, pero no me convidaba lo que tanto quería.
Después de mil charlas iguales, aparecí frente a la máquina, era mi turno. Puse el billete de diez y seleccioné la bebida valuada en oro. La máquina escupió todo, menos agua. Comenzaron a salir billetes chicos, tarjetas, chocolates, pero nada bebible, mi garganta la pedía a gritos. Esto se repitió más de cuatro veces.
Desperté sobresaltada, en mi cama, con la luz entrando por la ventana y una sed terrible. El frio no me dejaba levantarme, miro para el costado, y por suerte Eze, había dejado una botella de su lado. Lo desperté para que se corriera, me baje el agua entera, y agarré el teléfono para no olvidarme, los sueños se borran fácil.
Ayer comí tarde, y no tomé otra cosa que vino. Mi cabeza me gritaba hidratate de todas las formas posibles, yo no entendía, estaba en el transe del sueño.