Ayer, pasadas las 14:00hs, nos dirigíamos al club náutico Los Reyunos, provincia de Mendoza. Después de una semana en el centro de San Rafael, decimos pasar lo que quedaba de nuestra estadía en un lugar tranquilo, alejado. Como estamos casi en Junio, somos los únicos turistas de la zona, lo cual disfruto, odio el tumulto de gente.
Para llegar al club teníamos que atravesar unos diez kilómetros de ripio, desolados, y sin señal, una vista hermosa, sin que nadie rompa los huevos por teléfono, y lo mejor, la señal nunca se recupera. Cuando llegamos, notamos la usencia de gente, las casas estaban vacías, los árboles pelados, junto al lago y las montañas, generaban un paisaje invernal, de cuentos.

Nos fuimos adentrando cada vez más en el náutico. Miraba las casas inmensas e iguales, las farolas redondas coronaban todo el lugar. Dimos varias vueltas, rogando que el gps no se corte, y allí la vimos, a lo lejos, nuestra hermosa morada con vista al lago. Una mujer nos hacía señas para que estacionemos el auto, era la casera, estábamos solo los tres.
Nos bajamos, y unos grandes ojos azules toparon con los míos, seguidos de una sonrisa inmensa, diabólica. Mientras nos explicaba el funcionamiento de la casa, nos miraba, nerviosa, sin dejar de sonreír exageradamente. Me iba poniendo cada vez más incomoda, había algo en esa mujer que daba escalofríos. Era una sensación muy fuerte, una voz dentro mío me decía que toda su postura corporal era fingida, que había ensayado esa sonrisa, que su interior era opuesto a su exterior.
Nos enseñó el funcionamiento del calefón sonriendo, sin despegar la mirada. Luego del horno, la bomba de agua, el lugar donde estaban las sábanas, y así siguió, sonriendo. Sonriendo con ojos saltones, donde si te observabas bien, podías ver sesgo de locura.
No le dije nada a mi pareja, resalta mi tendencia a opinar de la gente, y no quería entrar en discusión, me lo guardé. Al rato, salimos a caminar, dimos una vuelta, el lugar es precioso, observamos la imensidad, y vimos a lo lejos una especie de casilla. Esta poseía una cruz, parecía abandonada, cerrada, en otro momento podría haber sido una capilla. Seguimos bajando, hasta la proveeduría, pero tuvimos que volver, por la poca cantidad de gente había cerrado. Vemos venir un Fiat Siena a toda velocidad, fue disminuyéndola a medida que se acercaba, y ahí la vemos, sonrisa escalofriante, ojos saltones. Manejaba sola, sonriendo exageradamente, dio vuelta la cara para mirarnos, pero no nos saludó, solamente giro.
No aguanté más, hable de la vibra que había sentido, de la sonrisa, al principió no me lo admitió, le gusta tener razón, así que seguimos caminando sin tocar el tema. Cuando volvimos, pasamos nuevamente por esa especie de capilla, donde se podía ver la luna atrás, hipnótica, hermosa, me paralicé ahí mismo. Estaba estacionado el Fiat Siena, no me daban los cálculos, lo habíamos visto en la entrada, era imposible que llegara hasta allá sin ser visto. Ahí gané, Eze me dio la razón por primera vez en su vida.

¿Era una bruja? ¿Una asesina en serie? ¿o a mi me gusta tanto el terror que me lo imagino en cualquier lado? Todas las opciones pueden ser correctas.
Esa misma noche, nos acostamos a dormir bajo la luna llena. Yo me desperté a las cinco de la mañana, después de una pesadilla terrible, donde una loca me corría por todos lados. Eze se despertó a las tres, luego de soñar que estaba en un ritual satánico.
Hoy, la luna esta todavía más llena, estamos solos en el club, o eso creemos, lo más probable es que ella también este, y tenga nuestra llave. ¿Seremos parte de un ritual? ¿De un asesinato? ¿O nos volvemos a Buenos Aires tranquilos?

Con verla en la ventana espiándonos y asustarme un poco ya estoy conforme, me gusta pensar que mis teorías son verdad.