Mañana conflictiva

29 de julio de 20265 min de lectura

Hace mucho tiempo que quiero escribir sobre un tema, aunque no sabía como, no encontraba el punto más allá de la explicación. Hasta que hoy, pasó algo que estalló una fiera en mi, y justo esta temática fue la raíz.

Hay dos tipos de personas: las de mañana y las de noche. Las primeras tienen buen humor, energía, felicidad por salir de la cama temprano, ganas de hablar, hacer deporte, comer, vivir básicamente. Su energía se concentra ahí, cuando salen de la cama, y por otro lado estamos los nocturnos. La mañana es para dormir, no me hables, no me des comida, no me pidas que me mueva más de lo necesario, si me baño me quedo dormida en la ducha, menos que menos tengo energía para hacer cualquier deporte.

Las del primer tipo ponen de mal humor a las del segundo tipo. Quieren interactuar, ser útiles, hacen ruido cuando el otro duerme. Por el contrario, las del segundo tipo, no molestan a nadie. Se bañan de noche, cenan tarde, la creatividad se les activa después de las 19hs, disfrutan del silencio nocturno y la oscuridad. Vale aclarar, es mucho más fácil para diurno dormirse de noche con alguien despierto, que para el nocturno no interrumpir su sueño con los movimientos del diurno, insoportablemente feliz, por la casa a las 7am.

En fin, hace tiempo que quiero escribir de esto, me interesan los tipos de personas, las costumbres, las comparaciones. Aunque siento que solo con describirlas no alcanzaba, le faltaba una vuelta de tuerca más para darle color a este comentario. Así que hoy, como por arte de magia, me toco la inspiración a las 6:30 am, justo dos horas antes de que suene mi alarma.

Voy a comenzar el relato en la noche de ayer. ¿Qué hace una persona nocturna si tiene trabajo atrasado? ¿Se pone la alarma para hacerlo antes o lo termina de noche después de cenar? La respuesta es obvia, a la 1am terminé de trabajar. 1:30 ya estaba bañada, y por irme a dormir. No iba a desperdiciar tiempo diurno de sueño con trabajo o una ducha. Fresquita como una lechuga fui a acostarme, Eze dormía, más bien roncaba, le pegué unas cuentas sacudidas, a eso de las 2 pude dormirme.

En mi bella mañana, me encontraba hundida en un sueño. Paseaba por lugares desconocidos del inconsciente, hasta que escuché algo extraño, lejano. El bosque en el que estaba, se tiñó de ese sonido de mierda, cada vez más fuerte, más molesto. Acto seguido, aparecí en la cama, Ezequiel roncando todavía. Era de noche, y su celular, olvidado en el living, no paraba de sonar. Le sacudo, mal humorada, no entendía como no escuchaba, lo obligué a apagarlo.

Corrió al living, pero no volvió a la cama. Se levantó, exactamente a las 6:34 de la mañana, prendió las luces, puso la pava y disfrutó de su mañana. Tinta, la gata, lo siguió, ella es igual. La negra, mi otra gata, los miraba odiada, entre las dos éramos un fuego. Pasaron 10, 15, 20 minutos y no pude volver a conciliar el sueño. La persona y el gato de mañana, no paraban de romper los huevos. Hasta que pasó lo peor, entró nuevamente al cuarto, con la linterna encendida, buscando ropa para ir al gimnasio, ¡a las 7 de la mañana! Eze no tiene horarios, trabaja en casa, puede hacer básicamente lo que se le cante, y elije ir a esa hora, estoy saliendo con un marciano.

Cierra la puerta, por fin se va, miro el teléfono 7:10. Más de una hora faltaba para que sonora mi alarma. La bronca no me dejo conciliar el sueño, con la negra nos mirábamos sin entender en que momento, adopte al otro gato de mañana, que estaba más despierta que nunca, y deje entrar a este chico con horarios de mierda.

No pude dormir, me empezaron a doler las rodillas. No se si te pasa, pero si duermo poco, las rodillas me matan, me duelen los ojos, la cabeza, básicamente todo. Fui al sillón, me puse a leer, hasta que a las 8:15 (todavía mi alarma no había sonado) Eze cruzó la puerta otra vez. “La mañana es productiva”, me dijo, “¿productiva? Dios mío”. Un odio me dio, no le hable más, me fui a desayunar a la cocina.

Salgo para el trabajo, justa de tiempo, aunque me desperté dos horas antes, no se que hice, salí tarde. La vía de palomar estaba trabada, llegué mas tarde todavía. Pase el día como pude, y a la tarde me rendí, hice las paces, le tire una mirada fulminante y un chiste, y él la promesa de no hacer esta estupidez otra vez.