Cada cuatro años viene el mundial, y con este empiezan las cosas extrañas en la argentina.
No voy a mentir, no soy futbolera, jamás veo un partido, no se las reglas, menos las posiciones. Pero como buena argenta, me encanta el ritual: organizar la juntada con amigos, comer rico, escaparme del trabajo, que el mundo se frene por un par de horas. Prestar atención a un partido, aún sin entender nada, hasta llegué al punto de emocionarme por verlo a Messi llorar ¿Cómo deben estar los corazones de las personas que son realmente fanáticas, y si son cardíacos?
Pero más allá del folclore hermoso que tenemos, suceden otras cosas..
Reaparecen las famosas cadenas del estilo “sino mandas esto a 5 personas…” pero modernizadas. Esta vez por whatsapp, con promesas de goles.
Nombres de jugadores o equipos rivales están escritos en papel, congelándose en el freezer, por las dudas.
Tenemos la bandera hasta en el orto, las remeras de argentina no faltan en ninguna casa.
De repente somos todos hermanos, unidos, no importa la política ni las clases sociales.
Messi se convirtió en un santo, su cara esta por todos lados.
La tía, la abuela, y cualquier persona que jamás te hablo de futbol, se sabe el nombre de todos y quien hizo cada gol.
Esta es la más extraña de todas, los bocinazos no implican una puteada, son un festejo, y se responden con otro o con un grito, sin pelear.
Mi pareja me canta de la canción del mundial desde que se levanta, hasta que se va a dormir. No para, es como si hubiera vuelto a tener 12 años.
Los hombres lloran.
Creemos, con nuestro gran ego argentino, que si modificamos una cábala, podemos alterar el resultado de un partido.
Se cierran los locales, se paran los correos, la calle queda vacía.
Gritas goles con vecinos desconocidos, festejas de balcón a balcón. Se cortan calles después de un partido importante.
Podría seguir todo el día, pero Eze no para de cantar la canción del Gilda versión mundial 2026 y me desconcentra, encima me pida que me la aprenda. Sino la canto fuerte, y no me la se de memoria, va a perder argentina.
Amo que cada cuatro años me guste algo que jamás me intereso ni me va a interesar. Que nuestra cultura logre que muchos miremos con locura un partido sin entender ni las reglas. Argentina, ¿en otros países lo entenderían?