Negra, Tinta.

23 de agosto de 20263 min de lectura

Los animales no hablan, yo les hablo. Dudo que me entiendan las palabras, yo tampoco entiendo su idioma. Convivimos, los elijo sobre las personas. Si aprendes a vivir con ellos, hay una conexión extraña: comprenden los sentimientos. A veces pienso que están avanzados años luz, que vinieron acá para acompañar, y nosotros para destruirlos, como hacemos con casi todo. Los condenamos a nuestra frecuencia, a que vivan como vivimos, pero con menos libertad, menos todavía de la que nos podemos dar a nosotros mismos.

Es como si fueran más sabios, entienden que una fuerza mayor los puso a cuidarnos, a acompañar a esta especie tan pelotuda y destructiva. No les importa que los encerremos horas en el departamento, que los sacamos a pasear con una correa, o que los hagamos dormir afuera. Hay algo dentro de ellos que les permite igual tratarnos bien. Es como si dios, o quien sea que haya creado todo esto, hubiese dicho “voy a poner otra especie para que acompañe, más buena, más simple, más energética".

Tienen algo mágico, nos pueden leer, entienden lo que nosotros no. Cosa que los hace más evolucionados, como si entendieran nuestro estado de ánimo por ondas energéticas. Muy volado, ¿no? A veces me gustaría estar embarazada, solo para ver como mis gatas entenderían ese cambio en mi, incluso antes que yo. Creo que viven menos porque son más buenos, no están condenados a pasar años largos en esta tierra. Si los dejas entrar, hay un pelotudito para cada momento de la vida.

Hoy tuve un día extraño, me sentí en una película. Como si mi vida no fuera la mía, como si todo tuviera música, de blanco y negro a color. Como si el desayuno, el orden de la casa, leer, la música, estuviera guionado, como si mi vida no existiera. Después de hacer un millón de actividades para distraerme, y tomarme un vino, todavía no entiendo bien que siento, y seguramente mañana tampoco lo sabré, pero ellas sí.

Son casi la una de la mañana, no es tan tarde para mi, pero si para ellas. Un día cualquiera, estarían en la cama, durmiendo, hoy no. Me siguieron al balcón, me siguieron al patio, y me siguen al sillón, con música y luz prendida. Es increíble como te persiguen cuando todo esta “raro”, como lo notan, aún cuando yo lo esquivo.

Pensamos que por no hablar, no razonar, no entender, son inferiores, pero entienden mucho más que nosotros. Tienen la sensibilidad activada, van más rápido de lo que pensamos, y no, no somos superiores, diaria que todo lo contrario.