Paseo la plaza

13 de agosto de 20265 min de lectura

Estoy en CABA, más precisamente paseo la plaza, no veo la plaza ni el paseo.

Tenía un turno a las 14hs y la presentación del libro en Orsai a las 19hs.

En este momento son exactamente las 15:44, me queda demasiado tiempo para la hora de la presentación, pero no el suficiente para ir y volver a Palomar. Así que me senté en un café Martinez a comer, y a hacer lo que más me gusta, ver gente, escuchar, chusmear conversaciones ajenas.

Capital tiene muchas que odio: el transito, la acumulación de personas, el gris, el olor a pis, pero sobre todo, el poco lugar para estacionar y las multas. Me había sentado abajo, cerca del auto, para mirarlo, ya que acá nunca sabes cuando va a pasar la grúa. La mesa que elegí era bastante chica, al lado del baño, y aparte del auto, se veían trescientas personas por segundo, cosa que estresaría la vista de cualquier ser humano.

Con este gran humor provocado por la hermosa capital de Buenos Aires, me puse a escuchar conversaciones, buscando material para escribir. Lo más cercano que tenía eran tres señores: uno mayor, aproximadamente unos 75 años, y otros dos, de unos 50. Los mire, los dos más jóvenes le hablaban al mayor, con una expresión preocupada. Pare la oreja y en poco segundos ya estaba metida. El señor mayor, tiene un negocio, el cual alquila hace años, debe plata a los empleados y no puede pagar el alquiler, los otros dos, estaban viendo como ayudarlo.

De todas las conversaciones que había para escuchar, escuché la mas triste, genial. ¿Qué historia puedo armar con eso? ¿Una reflexión política? ¿Una reflexión sobre el cambio de era y la venta por internet? No estoy para meterme en esos líos todavía. Pedí un sanguche y me fui arriba, más lejos de la ventana, y del lio de gente, pero lo suficientemente cerca para escuchar el ruido de la grúa.

Desde acá tengo tres señoras la vista, están entre los 75 y los 80 años, parecen indignadas. Por su forma de gesticular diría que le están sacando el cuero a alguien. Me encantaría escuchar, pero están lejos, soy la única en el piso de arriba. Están todos con campera, yo en remera, tiene el aire en 45 grados acá, me derrito, pero me siento una rompe huevos si me cambio por segunda vez de lugar, y más después de haber comido.

Dos de las tres señoras son parecidas, hay una que no llego a verle la cara. También son similares a mi abuela, ¿cuándo nos ponemos viejos nos empezamos a parecer? ¿será como los bebes pero en la vejez? Los bebes son iguales, los viejos también. Alguna vez fui bebe, y alguien que no me conocía podía confundirme con otro bebe, pasa exactamente igual con los abuelos. Así que, en bastantes años, alguien que no me conoce, me podría confundir con otra abuela. Abuela, va vieja, porque abuela no voy a ser, y si seguimos sin tener hijos, muchas no va a haber.

Me quede sin conversaciones, desde esta punta solitaria no hago más que cagarme de calor, y mirar un poco la calle. ¿Qué pasaría si un hombre de las cavernas haría un viaje al futuro, espacialmente a “paseo la plaza”? ¿Le hubiera agarrado un ataque de pánico? o lo que sea que existiese en esa época parecido a eso.

Como hay personas sociales y antisociales, ¿también habrá personas de capital y personas que no? No hablo de vivir, desde ya que hay personas que viven acá y personas que no. Hablo más bien de que las “enamore” este quilombo de gente, de autos, de negocios, de olor horrible, que lo elijan más allá de la necesidad. Si las hay, no las entiendo, me gustaría hacerles una entrevista a ver donde esta lo divertido de tener un estimulo visual atrás del otro todo el tiempo.