Vengo con unas semanas sube y baja. Esas las que no entiendo mi estado de ánimo. Esas en las que gatas me persiguen más que siempre. En las que un día lloro y al otro salgo a correr como si fuera un rayo, buscando agitarme para no pensar.
Tengo noches que me despierto a las 3 de la mañana con los ojos como platos, y la negra me mira con cara de ¿otra vez? Otras noches que logro dormir de corrido, pero sueño, sueño con lo mismo que me enloquece en el día. Algunas mañanas me levanto inspirada, como si tuviera la cura mágica a la vida, como si la bruja me hubiera prestado la bola del futuro, y lo que me espera por delante sea bueno.
Algunas tardes me siento en una película, hago el café, pongo música que jamás escucho, lloro un poco y me rio de mi misma, pensando que no hay nada más patético que llorar y tomar café al mismo tiempo.
Hablo sola, discuto conmigo en voz en alta, después me canso de pelearme, y me pongo a cantar. Le hablo a las gatas, les digo que gracias, que desde que me siento así se volvieron mis guarda espaldas. Es más, la negra esta a mi izquierda ahora, no me saca la mirada, nos comunicamos con los ojos, con los pensamientos.
Veo amigos, hablo con ellos, caminamos, me río. Abrazo la almohada, me ponga otra del otro lado para sentir que estoy más contenida. Hablo con los muertos, sueño con ellos, les cuento que descubrí que la tristeza se siente en el dedo gordo izquierdo o por lo menos la mía.
Entreno, corro, camino, le hago un reset a mis pensamientos de mierda, vuelvo a mi, invento soluciones. Lo veo todo claro, aunque ni siquiera estoy a medio camino.
Hay algo en estas semanas sube y baja que me gusta, me gusta la sensación de conexión conmigo, me gustan las gatas, mis amigos, escribir, flashear que soy una poeta deprimida.
Me gusta también el optimismo, que no se donde, pero lo sacó, inventarme soluciones, salir a caminar con mi primo y encontrarle las aristas a las cosas.
Me gusta también cantar, cantar música que no escucho, hoy me puse Reik y Camila volviendo del dentista.
Me gusta llevar una piel que no es la mía, y saber la tristeza se siente en el dedo gordo izquierdo, pero que solo es de a ratitos.