Hoy, después de casi 5 meses volví al papel, a escribir en papel, mejor dicho. Vengo de mandarle al teclado, había abandonado mi diario. Flashee escritora, las escritoras profesionales no pueden escribir de otra forma, o ¿sí? Pero hoy me harte, los ojos me explotaron de rojos, demasiada computadora, demasiado celular.
Esto de querer ser una chica de Instagram me cansa la vista. Así que deje el teléfono cargando, agarre un cuaderno nuevo y fui al café de enfrente. Me escribí a mí misma, necesitaba escribir mal, sin releer, sin pensar, decirme pelotudeces. Hasta que se me ocurrió una idea, empezar esta parte del “blog” así, contando mi hartazgo tecnológico.
Cuando estaba ahí, escribiéndome, actualizándome, me di cuenta de lo lindo del cuaderno y el café. ¡Qué bien quedaría esa foto al lado del texto! Pongo la mano en la cartera y fue imposible retratarla, salí sin celular. Como no tengo foto, abro lugar a la imaginación: cuaderno gris, con textura, de tapa dura, llevaba un sweater violeta que se podía ver, dando pie a mis lindas manos, con francesita en las uñas, mientras agarraba el café, con un fondo de plantas y ladrillo a la vista. Tan fotografiable que no fue, a la mierda la tecnología, ya estoy quemada.
No hay mucho más que eso, es simplemente un lapso sin comunicación. Metí la mano en la cartera más de veces, buscando algo que creía necesitar para hacer “más real” el momento.